Confesiones J.V
Por muchos caminos han pasado mis zapatos, persiguiendo la salida de un laberinto, un día de normalidad se quebró en dos cuando vi su rostro adormecido por el ron, que saciaba la sed de una garganta seca, me invitaron a viajar lo que abrió la oportunidad de conocerte, que dicha fue conocerte.
Ese trayecto fue para confesar, fue para cantar, jugar, perder, ahora quisiera olvidar.
La llegada trajo la oportunidad de presentar a nuevos viajeros un nuevo pueblo, oportunidad para acercarme a ti.
La primera noche todos gozamos del ginebra, disfrutamos la parranda y porque no lo prohibido de la humanidad.
Al día siguiente llegaste, la excitación no cabía en mi interior, eras la delicia más anhelada, la fragancia más buscada yo quería comerte, devorarte y acabe consumiéndote.
Yo mate a ese hombre quizá por envidia, puede que el celo de un futuro lejano a tu cuerpo me hiciese ahogar el cuerpo.
Semanas después confundíamos amor y diversión, con la dulce pena del luto rodeada por una codicia carnal tan profunda y quizá corrupta.
Sabes que de tantos dolores que pudiste haber pasado, quizá el haber conocido a ese chico en ese viaje, su atención era ponzoña, los corazones heridos no pueden amarse.
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